jueves, 22 de septiembre de 2016

Brigdet Jones´ Baby: cuando los retornos sí que son dulces

Brigdet Jones ha vuelto. Tras 15 años desde la primera entrega, Renée Zellweger, Colin Firth y Sharon Maguire (directora de la primera parte) vuelven a unir su talento para presentarnos una Brigdet mucho más madura.  Ésta vez con la maternidad a vueltas y enredada (de nuevo) entre dos amores. Porque en el fondo, ella sigue siendo la misma.



La película comienza con una escena que ya todos conocemos. Suena “All by Mysef”, hay una tarta de cumpleaños y Brigdet vuelve a estar sola, compadeciéndose de su mala suerte…hasta que cambia de canción. Por que ahora Brigdet tiene 43 años, y a pesar de estar soltera, no es infeliz. Tiene un trabajo que le gusta, unos amigos que la quieren (y que también se han hecho mayores) y unos padres que siguen estando juntos y siguen estando un poco locos. Marc Darcy es el amor de su vida, pero no han funcionado juntos. Cuando su amiga le invita a un plan sorpresa, y conoce a Jack (un risueño Patrick Dempsey) y pasan una noche juntos, y después vuelve a ver a Marc Darcy y también pasan una noche juntos, pues parece que todo va medianamente normal… ¿Seguro? ¿Y qué pasa si Brigdet se queda embarazada? Pues que no sabe quién es el padre…señores, ¡el enredo está servido!

Brigdet Jones´ Baby recupera el espíritu y esencia de la primera parte de Brigdet tras el descalabro que supuso Bridget Jones: Sobreviviré, que a pesar de repetir mismos resultados en taquilla, fue un desacierto descomunal. De esta forma volvemos a ver a esa Brigdet ácida, divertida y payasa, pero sin resultar ridícula ni chocante. Lo que más nos la atención del personaje es la facilidad con la que refleja la vulnerabilidad y fragilidad femenina; y sus ansias grandes de mejorar y aprender de los errores. Puede que se vea metida en situaciones rocambolescas  (¡esto es una comedia!), pero la película consigue despertarnos una identificación y ternura digna del Marc Darcy (Colin Firth, siempre elegante) enamorado. Y a pesar de que la película adolece de cierta puesta en escena torpe (Sharon Maguire tampoco tiene tantos créditos de directora, y le faltan arrestos en la planificación de algunas escenas, que son resueltas de manera simplona o excesiva en otro tramos), sí que es verdad que consigue que nos identifiquemos y sintamos la misma alegría (o desgracia) de Brigdet.

Otro de sus aciertos que suma (y mucho) es el guión y el buen trabajo del reparto. La actriz Emma Thompson vuelve a desempeñar labores de guionización, y junto con el resto del equipo construyen una historia en la que ésta vez no hay malos muy malos y Brigdet puede disfrutar de la cuarentena sin tantos desagradables sabores de boca. Thompson, además, se reserva un personaje bombón en la función, y junto con las nuevas incorporaciones (al mencionado Dempsey se añade una Sarah Solemani  inspirada y  una jefa Kate O´Flyn bastante insoportable) más el cast original (que repite casi al completo, excepto Hugh Grant), la película se ve como un suspiro, con una fluidez y un reparto medido, gracioso y excepcional. Mucho se ha hablado de los cambios faciales de Renée Zellweger, y a pesar de reconocer cierto cambio en ella, sí que sentimos que este personaje es suyo, y que mucha de la vulnerabilidad de la que hablábamos antes también se la debemos a ella.
Viendo a Bridget Jones, nos sentimos que hemos crecido con ella y que en realidad, lo de ser adultos se hace caminando y mientras tanto aprendemos con muchos (graciosos) errores.

Redactado por: David Blanco Castañeda

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