Brigdet Jones ha
vuelto. Tras 15 años
desde la primera entrega, Renée Zellweger, Colin Firth y Sharon Maguire
(directora de la primera parte) vuelven a unir su talento para presentarnos una
Brigdet mucho más madura. Ésta vez con
la maternidad a vueltas y enredada (de nuevo) entre dos amores. Porque en el
fondo, ella sigue siendo la misma.
La película comienza con una escena que ya todos conocemos.
Suena “All by Mysef”, hay una tarta
de cumpleaños y Brigdet vuelve a estar sola, compadeciéndose de su mala
suerte…hasta que cambia de canción. Por que ahora Brigdet tiene 43 años, y a
pesar de estar soltera, no es infeliz. Tiene un trabajo que le gusta, unos
amigos que la quieren (y que también se han hecho mayores) y unos padres que
siguen estando juntos y siguen estando un poco locos. Marc Darcy es el amor de
su vida, pero no han funcionado juntos. Cuando su amiga le invita a un plan
sorpresa, y conoce a Jack (un risueño Patrick Dempsey) y pasan una noche
juntos, y después vuelve a ver a Marc Darcy y también pasan una noche juntos,
pues parece que todo va medianamente normal… ¿Seguro? ¿Y qué pasa si Brigdet se
queda embarazada? Pues que no sabe quién es el padre…señores, ¡el enredo está
servido!
Brigdet Jones´ Baby recupera el espíritu y esencia de la
primera parte de Brigdet tras el descalabro que supuso Bridget Jones:
Sobreviviré, que a pesar de repetir mismos resultados en taquilla, fue un
desacierto descomunal. De esta forma volvemos a ver a esa Brigdet ácida,
divertida y payasa, pero sin resultar ridícula ni chocante. Lo que más nos la
atención del personaje es la facilidad con la que refleja la vulnerabilidad y
fragilidad femenina; y sus ansias grandes de mejorar y aprender de los errores.
Puede que se vea metida en situaciones rocambolescas (¡esto es una comedia!), pero la película
consigue despertarnos una identificación y ternura digna del Marc Darcy (Colin
Firth, siempre elegante) enamorado. Y a pesar de que la película adolece de cierta
puesta en escena torpe (Sharon Maguire tampoco tiene tantos créditos de
directora, y le faltan arrestos en la planificación de algunas escenas, que son
resueltas de manera simplona o excesiva en otro tramos), sí que es verdad que
consigue que nos identifiquemos y sintamos la misma alegría (o desgracia) de
Brigdet.
Otro de sus aciertos que suma (y mucho) es el guión y el buen
trabajo del reparto. La actriz Emma Thompson vuelve a desempeñar labores de
guionización, y junto con el resto del equipo construyen una historia en la que
ésta vez no hay malos muy malos y Brigdet puede disfrutar de la cuarentena sin
tantos desagradables sabores de boca. Thompson, además, se reserva un personaje
bombón en la función, y junto con las nuevas incorporaciones (al mencionado
Dempsey se añade una Sarah Solemani
inspirada y una jefa Kate O´Flyn
bastante insoportable) más el cast original (que repite casi al completo,
excepto Hugh Grant), la película se ve como un suspiro, con una fluidez y un
reparto medido, gracioso y excepcional. Mucho se ha hablado de los cambios
faciales de Renée Zellweger, y a pesar de reconocer cierto cambio en ella, sí
que sentimos que este personaje es suyo, y que mucha de la vulnerabilidad de la
que hablábamos antes también se la debemos a ella.
Viendo a Bridget Jones, nos sentimos que hemos crecido con
ella y que en realidad, lo de ser adultos se hace caminando y mientras tanto
aprendemos con muchos (graciosos) errores.
Redactado por: David
Blanco Castañeda

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