Una semana después de su estreno
americano llega este viernes 19 a nuestros cines Deadpool, una nueva entrega de superhéroes procedente de Marvel,
aunque esta vez bajo el amparo de 20th Century Fox.
Nos complace decir que la hemos
disfrutado mucho. La película nos presenta a Wade
Wilson (Ryan Reynolds riéndose de toda su carrera artística) como un mercenario
bocazas que por reveses de la vida se presta voluntario para unos experimentos
médicos de dudosa calidad, despertarán en él una mutación que regenera
cualquier tejido de su cuerpo, convirtiéndose en una suerte de John McClane con
el ímpetu hiperactivo de Ace Ventura. Y como el resultado no le satisface,
decide ir a por el médico-malo de turno, Ed Skrein (el primer Daario Naharis de
Juego de Tronos) que como adversario
presenta buen porte.
Deadpool es una película del director novel Tim Miller, un
producto dinámico que entra rápido por los ojos como una de las balas del
protagonista y aunque tiene media hora que desentona con el ritmo del resto del
metraje, quedan 103 minutos de apoteosis de mala leche y sangre cuyo
protagonista hace y dice lo que quiere.
Este estreno ha levantado mucha
expectación, somos muchos los que hemos esperado su estreno por ser uno de los personajes
salidos de la Casa de las Ideas y por ser un personaje querido por su
gamberrismo y su lengua larga, pero dado el ultimo chasco con Los Cuatro Fantásticos había cierta
preocupación, más si cabe con la intensa campaña de promoción que ha llevado
detrás, 0. Menos mal que esta película dista mucho del resultado conseguido con
la película de la primera familia de Marvel.
Aunque por lo general, el argumento
pueda parecer demasiado insulso como para arrastrar a los menos frikis al cine,
pero de eso se encarga toda la adrenalina, acción y sobretodo sus toneladas de
humor, porque esta película es ante todo una broma tras otra.
Podríamos decir que peca de cansina,
muchos de los chistes no se entenderán sin haber visto muchas películas de superhéroes
previas, e incluso hay varios chistes que solo los entenderá un americano, pero
a pesar de ello, su estilo visual y su demoledora capacidad para no dejar títere
con cabeza hacen de esta película un oasis muy fresco para estos días de
sobriedad pre-Oscars.
Solo queda añadir un pequeño
spoiler, o más bien un consejo: aguantad en la butaca hasta después de los títulos
de crédito, ya que también se apunta a la moda Marvel de escenas post-créditos,
pero a su modo ¡y que corran los chimichangas!
Redactado por: Rubén Gil Gijón



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